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Difamaciones en tiempos de auge político.

“La intolerancia puede ser definida aproximadamente como la indignación de los hombres que no tienen opiniones.”  Gilbert Keith Chesterton.

 

Lector, ¿con cuántas personas te has peleado últimamente por temas políticos?

Que si el PAN publicó un spot publicitario en donde corta el mensaje de AMLO para hacer creer que dijo otra cosa, que si Quadri es hijo putativo de la Gordillo, que si no le cuadran las cuentas a Andrés Manuel, que si fulano hizo negocios sucios con zutano, que si Enrique Peña ha excedido los topes de campaña… De pronto todos somos expertos en estadística, economía, seguridad, vamos, somos punto menos que la conciencia de aquel candidato al que defendemos porque, según nosotros, nos consta la integridad y la rectitud moral del mismo.

Es común que en estos días en los que el ambiente político está caliente, usuarios de Internet propaguen su odio provocando a aquellos que tienen una opinión distinta a la suya.

Para cualquiera puede resultar un insulto directo a su persona el que alguien comente o publique información contraria a sus creencias partidistas, se siente agredido como si le hubieran ofendido a su propia madre, hijo o hermana. El resultado de esto en muchas ocasiones es verse envueltos en discusiones eternas y sin sentido, donde se defienden ideas con insultos, groserías y faltas de respeto.

Información va y viene por la red y todos creen tener la verdad absoluta.  Pelean con otros defendiendo sus puntos de vista políticos cual si estuvieran defendiendo su propia honra.

Si creemos que convenceremos al que piensa distinto que nosotros, opino que difícilmente lo lograremos. Entonces, no vale la pena que nos desgastemos. Cuando nos molesta alguna opinión contraria y nos damos a la tarea de probar lo antitético apuntando o difundiendo información sin sustento basándonos en opiniones o fuentes sin fundamento, estamos difamando.

Dice la declaración de los derechos universales:

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

Pero, una cosa es el derecho que tenemos para expresarnos y otra muy distinta es calumniar.

El apasionamiento que nos provoca el tema político nos lleva en ocasiones a la exageración de la realidad, a mezclar mentiras y verdades, a la poca tolerancia, a agresiones, ofensas y difamaciones, a provocar a otros mediante mensajes con el propósito de causar una respuesta emocional, lo que nos llevaría a convertirnos básicamente en un troll de Internet, personajes que abundan en la red y que tienen como objetivo destruir la honra y el prestigio de una persona.

En tiempos electorales como los que estamos viviendo, muchos de ellos se dan a la tarea de elaborar pasquines en contra de sus adversarios o campañas de desacreditación que pongan tela de juicio la integridad de personajes. Algunos lo hacen porque fueron contratados por partidos políticos y otros por motivación propia.

Todas las acciones antes descritas se potencializan si el usuario que amenaza, provoca o genera conductas ilícitas está escudado en el anonimato.

Me agrada que en países como Gran Bretaña ya se está discutiendo el aplicar una ley en contra de aquellas personas que desacreditan, insultan o acosan a otros aprovechándose del anonimato que proveen muchos sitios de web.

Estas medidas legales protegerán a los proveedores de servicios de Internet de ser acusados de difamación a cambio de revelar la identidad y datos de contacto de las personas que publican este tipo de comentarios. Incluso, si derivado de una denuncia el proveedor de Internet se niega a revelar los datos o quitar el contenido publicado, será obligado por la corte a hacerlo.

El punto débil de la aplicación de este tipo de ley está en aquellos casos específicos en que la resultante no sea una difamación, sino que la información publicada sea verdadera y de carácter “delicado” en el sentido de que como efecto por compartir tal información se pueda afectar la integridad de la persona o haya posibles repercusiones para su familia y su seguridad.

Pienso que no pasará mucho tiempo para que en México se empiece a legislar en ese sentido.

Texto publicado en SDPnoticias.com el 14 de Junio de 2012:

http://www.sdpnoticias.com/columna/9379/Difamaciones_en_tiempos_de_auge_politico

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