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Posponiendo lo que se pueda.

“Esa engañosa palabra mañana, mañana, mañana, nos va llevando por días al sepulcro, y la falaz lumbre del ayer ilumina al necio hasta que cae en la fosa.” – William Shakespeare.

Apenas unas horas antes de escribir este texto y agonizando el famoso puente del cinco de Febrero terminé de leer un libro que tenía pendiente desde hace 5 semanas. Me pasaba que leía dos o tres páginas por la noche, me daba sueño, acto seguido lo cerraba y me iba a los brazos de Morfeo. Llegó Febrero y yo seguía con la misma práctica y sin terminar el libro que desde inicio de año me había propuesto terminar al finalizar Enero, ya que como parte de mis propósitos de año nuevo me puse la meta de leer por lo menos un libro al mes.

Que Andrés Manuel López Obrador se reconciliara con Cuauthémoc Cárdenas sin duda debió de haber pasado mucho tiempo antes para beneficio político de ambos. Aquí la pregunta sería: ¿Realmente estaban aplazando el encuentro o solamente no estaban interesados en una reconciliación? El trecho entre una respuesta y la otra es muy extenso, ya que si no hay intención ni interés, no hay procrastinación.

Procrastinar se refiere básicamente a posponer o aplazar toda aquella actividad que debemos de atender pero no lo hacemos, y en lugar de esto, nos damos a la tarea de hacer otras actividades que son más agradables para nosotros, pero  menos relevantes. Por ejemplo, tengo urgencia de terminar una tarea o un trabajo, pero en lugar de hacerlo, ocupo mi tiempo libre para ver la televisión o en Internet; tengo que limpiar mi recámara, pero en vez de ponerme a hacerlo me salgo de vaga, regreso a casa y claro, mi recámara sigue hecha un desastre, yo cansada, prefiero dormir y así llega el día siguiente donde pasan situaciones similares que hacen que mi recámara se vaya convirtiendo en un campo minado.

Las anteriores son situaciones que me pasan con frecuencia y puedo imaginar que a varios de mis lectores también; y es que realmente no existe pecado alguno o penitencia si al fin y al cabo terminamos realizando esas cosas que posponemos en tiempo y forma y sin mayor problema. Aquí el peligro puede versar  cuando procrastinamos cosas realmente importantes que pueden tener una consecuencia fatal, como ir consultar al doctor por alguna dolencia, la cual pensamos que se nos quitará sola con el paso de los días o por obra del espíritu santo, cosa que no sucede, y sólo por el miedo de obtener un diagnóstico no agradable lo posponemos.

Cuenta una conocida fábula que una chava describía entusiasmada a un amigo lo que soñaba hacer con su vida. Él le pregunta: “¿Y cuándo piensas hacer realidad tus sueños?”. “Tan pronto como llegue la oportunidad de hacerlo”, respondió ella. “La oportunidad nunca llega”, replicó su amigo. “La oportunidad ya está aquí.”

Hacer primero las cosas que son más agradables para nosotros me parece correcto, ya que representa placer y satisfacción inmediata, pero detrás de esto va a  ir implícita sin duda una ansiedad interna, ya que estamos evadiendo responsabilidades y se nos van acumulando los pendientes lo cual provoca el efecto de la bola de nieve.

Como bien dijo Oscar Wilde: “El aplazamiento es el asesino de la oportunidad.”

Por lo pronto mi propósito de este mes de Febrero es procrastinar dejar de procrastinar. Perdón, sólo dejar de procrastinar.

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Texto publicado en SDPnoticias.com el día 7 de Febrero de 2012 – http://tiny.cc/4c3rf

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