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Me enamoré de un avatar o el amor en los tiempos de Twitter

Texto publicado en SDPnoticias.com el 11 de Noviembre de 2011 – http://tiny.cc/nesbt

Quizá el título de esta columna pueda resultar un muy poco real o soso. Aún más, quizá pueda sonar un poco inverosímil o aventurado el considerar que una herramienta tecnológica pueda llegar a destruir una relación, llámese matrimonio, noviazgo o cualquier cosa del tipo. Quiero decirles que ambas cosas son más reales de lo que creemos.

A través de  las redes sociales establecemos muchas relaciones aunque no del todo reales y personales, sí son relaciones que ocupan nuestra mente y tiempo.

Todos tenemos una vida y miles de cosas que hacer durante el día, ir al trabajo, arreglar la casa, juntas de trabajo, estudiar, leer, hacer ejercicio, ir a fiestas o al cine; pero sin temor a equivocarme, muchos de nosotros durante ese tiempo anhelamos el momento en que podamos estar frente a la computadora o dispositivo electrónico para poder establecer contacto con seguidores y amigos, ver las últimas noticias, comentarlas, hacer bromas o reír con los chistes y frases que algunos de nuestros contactos nos comparten. A este le llamaría yo el primer nivel de contacto en una red social.

En una categoría más avanzada y riesgosa, llamémosle nivel dos, se encuentran los individuos que establecen relaciones un poco más estrechas con sus contactos y se involucran en relaciones amorosas virtuales ya sea por obtener una satisfacción inmediata o por simple juego. Pero como todo juego, tiene su riesgo.

Respondamos con honestidad ¿A quién no le gusta sentir el “feeling” de enamorarse y flirtear? Independientemente de tener o no pareja en la vida real es agradable recibir halagos y que nos “endulcen el oído”. El problema viene cuando la persona asume la realidad virtual como real. Si es el caso en que el individuo en cuestión tenga una relación real con otra persona y estén pasando por una etapa de problemas, obviamente va a querer pasar más tiempo en el ciberespacio que atender su relación, porque lógicamente eso le causa un mayor placer, y es ahí cuando empieza el alejamiento de uno o ambos.

Hace poco tiempo me comentaba una amiga que un hombre la empezó a seguir en twitter. Ella tenía un avatar un poco sugerente el cual no era una foto real de su persona. Conforme fue pasando el tiempo empezaron a establecer un contacto más íntimo, compartiendo incluso pláticas privadas. Cierto día, el hombre en cuestión le pidió encontrarse físicamente en un café, lo hicieron y el resultado fue una total desilusión por ambas partes. Y no estoy hablando solamente de que no se gustaron físicamente, sino tampoco intelectualmente ni como seres humanos, ya que la mayoría de las cosas que compartían en sus conversaciones (gustos, preferencias, hobbies, características físicas) eran una total mentira.

Los perfiles de algunos usuarios de redes sociales reflejan y desnudan exactamente a la persona que está frente a la computadora. Sin embargo, muchos otros engrandecen sus cualidades y esconden sus defectos, mostrándose como personas perfectas a los demás, o digamos como lo que siempre quisieron ser y no son. El problema viene cuando alguien se enamora de esos seres virtuales inexistentes.

Tenemos que aceptar algunas verdades incómodas sobre las relaciones y redes sociales. Para muchos la vida en línea es su vida real, lo cual es totalmente aceptable y respetable, digo, cada quién conforma su realidad de los elementos que mejor le acomoden. Para muchos otros es una necesidad el establecer relaciones amorosas paralelas virtuales, no una, ni dos, sino múltiples. Dicen las estadísticas que el 50% de los usuarios de redes sociales han tenido o tienen más de una relación en paralelo. Pregunto ¿A qué le apuestan estas personas? ¿Cuál es su objetivo? ¿Acaso es llenar vacíos de aquellas cosas que les hacen falta en sus relaciones reales? ¿Las relaciones virtuales representan una infidelidad? Para unos sí, para otros no. Creo que es muy relativo.

Ahora ¿Será posible que el amor virtual pueda superar a un amor real? No lo creo. Porque el contacto cibernético puede llegar a sustituir una carencia amorosa pero sólo temporalmente, no permanentemente.

Total, enamorarse de un avatar o foto, enamorarse de las palabras de otros, está en boga. Si es bueno o no, eso lo define cada persona, pero es un hecho que en la mayoría de las ocasiones este tipo de relaciones sólo formarán parte de nuestras fantasías.

Fantasías, ilusiones falsas y etéreas.

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2 comentarios sobre “Me enamoré de un avatar o el amor en los tiempos de Twitter

  1. Yo conocí a mi novio por deviantart, una, podría decirse, red social dedicada al arte. Yo tomaba fotos y él hacía 3d. Empezamos a comentarnos nuestros trabajos y luego a platicar más. Duramos así unos seis meses y por fin nos conocimos.
    Fue un placer.
    Jamás me sentí tan bien con una persona y nos entendimos muy bien en todos los aspectos. Antes de conocernos nunca vi una foto de él, él sí vio fotos mías y bueno, una saca siempre su mejor ángulo, aun así me dijo que le había gustado más en persona 😉 él también me gustó mucho.
    Tenemos seis años de novios y un año y medio viviendo juntos.
    La clave debe estar en la honestidad, los dos lo fuimos, otra quizá el ser amigos sinceros no nos vanagloriábamos y presumíamos nuestra perfección, nos contábamos nuestros problemas y todo, creo que esa fue la razón por la cual funcionó.

    Pero claro, no es para todos y hay que ser escépticos en todo sentido, en internet todas las mujeres pueden ser 90,60,90 y todos los hombres modelos de ropa interior…

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