Reflexiones y Sueños

Esta noche estás aqui.

Esta noche pretendo recordarte como una de las cosas más extraordinarias que han pasado en mi vida. Quizá no haga falta empeñarme mucho en el acto, ya que siempre estás conmigo de alguna forma u otra.

Quizá no sea lo más prudente en estos momentos traerte a mi memoria, pero la noche fresca, un poco fría y lluviosa me ha inspirado a recordarte.

Como en otras ocasiones, en un arranque desmedido de ansiedad por ti te he llamado con el pensamiento, estoy segura que tu también lo has hecho.

Recuerdo apenas esa primera vez que nos vimos en ese pequeño restaurant a media luz, tu estabas un poco nervioso, yo más de encontrarte, había platicado tanto contigo por medios no tan personales que creía ya haberte conocido desde hace tiempo. Pero no, nunca había visto tu cara aunque más de una vez la había dibujado en mi mente. Cuando te vi, advertí que eras más atractivo de como te imaginé, lo eras para mi aunque los demás no pensaran igual. Tienes esa belleza del alma que muy pocos pueden igualar, y los ojos más grandes y tristes que he podido ver en mi vida. Sí, de esos ojos que embrujan, de esos que enamoran con sólo mirar, de esos que me llevan al cielo cuando me hablan tan lentamente que quisiera que el momento no terminara jamás.

Cruzamos algunas frases tímidamente, me llenaste de halagos, siempre con la educación y galanura que te ha caracterizado. No pude haber sido más feliz. A contraluz trataba de adivinarte, de saber todo aquello que estabas pensando mientras me servías un poco de vino, quería saber todo aquello que pasaba por tu mente y que no compartías como parte de nuestra plática trivial.

Me preguntaste abruptamente si alguna vez me había enamorado, y creo que mi respuesta antes de llegar a esa mesa y estar frente a ti hubiera sido muy distinta a la que te di en esos momentos. Creía haberme enamorado, pero bastaron algunas cuantas horas junto a ti para darme cuenta que no lo había estado del todo. Quizá solo habían sido amoríos vanos o ilusiones, quizá solo sensaciones y emociones.

No pasó mucho tiempo desde ese día para saberte, quererte, desearte y amarte a morir. El ansiar ver tus ojos, la sensación se sentir mi piel erizada al escuchar tu nombre, el miedo incontrolable que siento cada vez que sé que te voy a tener cerca, el temblar de nervios con tan solo intercambiar contigo unas palabras, la triste realidad de saberte tan lejos que me hace derramar una lágrima de tristeza por tu ausencia.

El amar con intensidad, el querer con el alma, el dejar todo por ti, tu perfecta imperfección, el saber que me quieres igual y que cada vez que estás en mi, el cielo, mi cielo, llora de alegría y felicidad.

Para ti, mi amor platónico.

L. F. Adame.

 

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