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¿Somos mejores las mujeres que los hombres?

Llegó a mis manos hace algunos días un libro interesante el cual desde que empecé a leer  no pude parar hasta darle fin, aún y que me pareció un poco repetitivo en varios capítulos ya que ahonda los mismos temas con la misma perspectiva. Estoy hablando de “¿Son mejores las mujeres?” de la pluma de Sara Sefchovich.

Siendo Sara feminista supuse que su respuesta al título de su libro iba a ser que efectivamente las mujeres somos mejores, pero me equivoqué; llega a abordar el tema desde perspectivas muy interesantes, que junto con algunas de mis y ideas y opiniones acerca del tema, compartiré a continuación.

¿Qué puede hacer que se defina que un género es mejor que otro? ¿Bajo qué condiciones? ¿Ser mejor dotado intelectualmente? ¿Tener una moral y valores más arraigados? ¿Ser honesto? ¿Íntegro? Siempre he pensado que todo es relativo y varía dependiendo del cristal con que se mira, por lo que las opiniones al respecto pueden ser muy variadas. De entrada, para mí la verdad única, universal y absoluta no existe.

El discurso de la candidata a la Presidencia de República de México, Josefina Vázquez Mota, incluye como una de sus principales ventajas el hecho de ser mujer, y que por esto se lograría un mejor gobierno para el país, ya que las mujeres solemos ser más humanas, fieles, leales y honestas. ¿Somos más buenas, más honestas, más confiables políticamente? No lo creo. No hay nada más lejos de la realidad.

Errónea la idea de que toda mujer, por el hecho de serlo, es mejor que un hombre. Falso que todas las mujeres sean dulces, amorosas, fieles, abnegadas y delicadas como lo define su estereotipo; muchas de ellas son cabronas, traidoras, manipuladoras, ambiciosas e incluso asesinas. Muchas de ellas han sobrepasado a sus parejas en sus deseos de poder y afán de protagonismo en los ámbitos políticos y sociales.

En otro sentido, están aquellas mujeres que han llegado a sacrificar su vida a razón de la de los demás. Pongamos como ejemplo la esposa de un político. Esta mujer está destinada a ser fiel, aguantar incluso infidelidades, mantener la boca cerrada, porque “calladita se ve más bonita” y ser incondicional del marido para no provocarle ningún tipo de problema.

En los años cincuenta el contagio de la cultura norteamericana produjo un cambio en las relaciones sociales y la moral mexicana, se empezó a hablar de libertad, de igualdad, de personalidad legal y derechos civiles, lo cual se traducía en que las mujeres podrían ejercer el voto, ser autoridad en el hogar y de la posibilidad de eliminar el vínculo matrimonial, en pocas palabras, ejercer labores y acciones que en ese tiempo eran relativas solamente al hombre.

Muchos hombres no ven con buenos ojos que las mujeres dejen su casa para salir a trabajar. La realidad es que muchas de ellas lo hacen por necesidad, no tanto por gusto, como ejemplo tenemos a las madres solteras;  desgraciadamente son vistas por la sociedad como las malas de la película por dejar a sus hijos al cuidado de otros.

Tanto la supremacía masculina, como el capitalismo se definen como las causas de la opresión de la mujer. Lo cierto es que a muchas mujeres no les basta el hogar y la familia, y buscan algo más, participar de una forma más activa intelectualmente y cumplir sus propios sueños, no aquellos que se traducen a cumplir los de su familia. Para muchos, esto se traduce en que la mujer es superior ya que, además de realizar su labor como madre y ser responsable de mantener el cuidado de su casa y la comida, es capaz de desempeñar con éxito,  como el hombre, cualquier puesto a nivel profesional.

Ahora, el decir que en una familia el hombre sea el proveedor económico a través de su trabajo fuera de casa y que la mujer se dedique a cuidar de los hijos y la casa no quiere decir que el hombre sea mejor o más importante. Igualmente importante es el trabajo de uno como el de otro.

Entonces ¿Son mejores las mujeres que los hombres? Yo respondería a esa pregunta con un rotundo no. Si bien las mujeres hemos luchado por muchos años para evitar la desigualdad, la discriminación,  no ser señaladas por expresar nuestras opiniones, tener libertad sexual, elegir lo que más nos acomode en nuestra vida, poder decir no al matrimonio, a tener hijos, lograr ocupar importantes puestos a nivel profesional y hacernos escuchar, no significa que por el mero hecho de ser mujeres tengamos características que nos hagan mejores que los hombres. Ambos géneros poseen características únicas e inigualables que hacen que se complementen de una forma muy singular.

Texto publicado en SDPnoticias.com el 24 de Febrero de 2012 – http://tiny.cc/qo1ap

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