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¿Te atreverías a decir que no eres un macho?

Texto publicado en SDPnoticias.com el 5 de Julio de 2011 – http://tiny.cc/6km3e

Para las mujeres no siempre es fácil entrar a un mundo que por décadas ha sido dominado por el sexo masculino como el de los negocios o laboral. De igual forma, este fenómeno se presenta también en los ámbitos: social, cultural y político, y es, sin duda, un tema de discriminación y derechos humanos. Un ejemplo muy claro son los múltiples asesinatos que han ocurrido por años en Ciudad Juárez, comúnmente llamados “feminicidios”.

Pero, ¿Qué es el machismo? Son aquellas actitudes llevadas a cabo por hombres con las cuales se provoca que las mujeres  sean sometidas o discriminadas. Actitudes como que la mujer tenga que ser la responsable de limpiar la casa, hacer la comida, cuidar a los hijos; que el hombre prohíba a la mujer salir con sus amigas porque “es muy mal visto” se presentan más comúnmente de lo que pensamos en las relaciones de pareja en nuestro país. Ni qué hablar de la violencia doméstica que va desde insultos y golpes hasta la violación.

En la mayoría de los países latinoamericanos se le llama Don Juan a aquel hombre que disfruta del sexo abiertamente y sin tapujos, y a una mujer que disfruta del sexo se le llama Prostituta (en el mejor de los casos). ¿Por qué sucede esto? ¿Cuál es la diferencia entre las dos prácticas? No entiendo porqué a una mujer experimentada sexualmente se le tenga que llamar de esa forma.

Permítanme compartirles dos ejemplos muy claros para mí de lo que es un macho:

Hace algunos años me reuní con un jefe que tuve en la compañía para la cual laboraba para realizar mi revisión anual de desempeño. Mi  jefe sólo tuvo buenos comentarios hacia mi trabajo. En cierto momento de la junta lo cuestioné acerca de por qué no había sido considerada para ocupar un puesto que estaba vacante en el departamento y sin embargo mis colegas que estaban al mismo nivel organizacional y que eran hombres si fueron considerados y evaluados. Le pedí que me dijera si había algún problema con mi desempeño, algo que no estuviera haciendo correctamente o si me faltaba mejorar algo. La respuesta de él fue absoluta: “No te falta nada, haces tu trabajo muy bien”. Yo no entendía el motivo y ante mi insistencia queriendo obtener una respuesta, un porqué, él sonriendo y dándome una palmadita en la espalda agrega: “Tú no te preocupes, vete de compras el fin de semana y se te va a olvidar el tema”. Sin palabras. En ese momento entendí frente a qué tipo de persona estaba y el futuro profesional que podía tener como mujer con un jefe que pensara de esa forma.

Una noche salí a cenar con un novio que tuve hace ya algunos años y al que consideraba un poco conservador, de esos que piensan que todo debe de operar perfectamente conforme a las reglas sociales. Compartíamos la cena con un grupo de amigos en un restaurant, mientras cenábamos de pronto se me ocurre llamar a un mesero que vi pasar para pedirle por favor que trajera unos limones a la mesa, lo hice, de pronto y a partir de ese momento todo cambió, mi ahora ex novio se empezó a comportar un poco serio conmigo, no me hablaba. No había pasado ni un minuto de que nos despedimos de las demás personas del grupo y sólo estábamos él y yo, cuando me empieza a cuestionar por qué había yo pedido al mesero los limones, que si porqué me había dirigido a el mesero directamente, que si él estaba pintado en la pared o qué, que lo que debí de haber hecho era pedirle que él le dijera él al mesero de mi requerimiento. Mientras lo escuchaba hablar, muchas cosas pasaban por mi mente: ¿Acaso estamos en los años 30´s y no me he percatado? ¿De qué está hablando este hombre que no lo entiendo?  Y la más importante: ¿Qué estoy haciendo yo teniendo una relación con él? Lo que él me expresaba era que yo como mujer tengo que subordinarme ante su figura de hombre en la relación, que él era el hombre, y como tal, responsable y único con voz y voto ante los demás.

Muchos esfuerzos se han realizado los últimos años para evitar la violencia de género. La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (http://www.conavim.gob.mx/) unidad de la Secretaría de la Gobernación ha publicado el Manual para el uso no sexista del lenguaje con el propósito evitar la discriminación y la desigualdad entre los géneros a través del uso correcto del lenguaje. En este manual se promueve el dejar de utilizar términos como “La mujer de Juan”, lo cual indica que la mujer es propiedad de Juan, o “El papá le otorgó al novio la mano de su hija”: las personas no se poseen.

Cabe aclarar que no estoy planteando una igualdad absoluta entre hombres y mujeres, sino que ambos gocen de la misma dignidad como personas. El hombre y la mujer por naturaleza son distintos, y esas diferencias deben de ser respetadas, pero ambos tienen capacidades iguales para desempeñar muchas actividades, es ahí donde se pide la igualdad.

Es evidente que en México tenemos una educación machista que se fomenta en las escuelas y en la familia,  se considera como algo positivo la sumisión al marido o el que una mujer puede auto-realizarse sólo si se casa y tiene hijos,  o  que a los niños se les aplauda cuando dicen que tienen más de una novia como si esto fuera una gracia, cosa que cuando son adultos es más que cuestionada. Creo firmemente que tanto el problema como la solución están en gran medida en nosotras las mujeres, ya que somos las que educamos a los hijos junto con nuestra pareja.

Algunos datos muy interesantes son: Este 2011 la Secretaría de Salud reportó como resultado de la Segunda Encuesta Nacional de Violencia contra las Mujeres que 4 de cada 10 mexicanas acuden a solicitar los servicios públicos de salud ya que han sido agredidas por su pareja. Así mismo, más del 80% de los asesinatos de mujeres ocurrieron en sus hogares.

¿Qué tan machista eres? Como mujer, ¿Nos atreveríamos a seguir criticando algo que nosotros mismos fomentamos?

La mejor forma de enseñanza es el ejemplo.

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